Arte desde material: Napoleón Aguilera

Representado por PALMA

0509
texto Rodrigo de N. Colmenero
fotografía Nora Stultz
talento Napoleón Aguilera

Como chilango, cada que voy a Guadalajara siento una vibra creativa especial. Desde afuera parece existir una comunidad, todxs están abiertxs a platicar de sus proyectos, a compartir sus procesos, sus contactos, a hacerte parte de una forma diferente (comparando con CDMX) de crear. Y en un análisis posterior, tras platicar con estos artistas, se alcanza a ver que están en un espacio de amplias posibilidades materiales, de oficios que se resguardan y que están abiertos a la colaboración en la medida en la que se integran nuevas generaciones. Basta con darse una vuelta por el Mercado de San Juan de Dios, Tlaquepaque o Tonalá, para observar que la talabartería, el vidrio soplado, la hojalata, la cerámica, siguen siendo oficios que se transforman y se consumen por el público general. La comunidad no ha sido opcional, ha sido una forma de crear los espacios que históricamente la ciudad no ha tenido y que, de un tiempo para acá, han ido creciendo.

 

Estación Material es uno de estos espacios que afianza a la ciudad como un epicentro para el arte contemporáneo; exhibe el trabajo de la creciente oferta artística local y a muchos otros ponentes de México, generando un diálogo que sale del formato de feria convencional. En mancuerna con Material, tenemos en la mira a cinco artistas que comparten territorio: Ana Paula Santana, Napoleón Aguilera, Cynthia Gutiérrez, Isa Carrillo y Denise Julieta. La sede para 2026 será, nuevamente, Plataforma, en la colonia Americana, y no seguirá un formato de booth. El espacio se configurará como un recorrido abierto, lo que permite encontrar conexiones entre artistas y mantener un diálogo franco frente a lo que se presenta.

 


NAPOLEÓN AGUILERA

 

”A mí me gusta estar en los talleres, siento que termina generando piezas diferentes porque aprendo mucho al ver cada técnica, y podemos integrar herramientas que veo en otros lados para lograr algo específico; generamos un vaivén de conocimientos con resultados muy valiosos”.

 

La carrera de Napoleón se define por la exploración material. No estudió Arte; revisó los modelos educativos en Guadalajara y parecían inscribirse a prácticas arcaicas, alejadas de lo que él veía en los libros y revistas de la disciplina contemporánea. NA: “Luego consideré entrar a Arquitectura en el Iteso y, por lo que pude ver, la carrera estaba mucho más orientada a entender la práctica desde una mirada más amplia: investigando vi que varios profesores eran artistas y eso me terminó de convencer.” En el camino descubrió que le gustaba y que en los proyectos se le impulsaba a probar nuevos caminos y formas de materializar ideas. Esto le permitió empezar a adentrarse a una producción más formal, aunque sin el entendimiento de cómo funcionaba el mundo del arte en sí: galerías, museos y demás espacios.

 

NA: “Empecé a trabajar en despachos y constructoras; también me gusta dedicarme a la arquitectura, entender cómo una idea se vuelve espacio, aunque mis ejercicios no siempre empatan con la funcionalidad. Por esos años, me hice de amigos que estaban estudiando la licenciatura en Arte del Museo Cabañas (creo que solo duró tres años) y fuimos haciendo ejercicios de producción y luego buscamos exponerlos”. Con el tiempo la balanza cambió y ahora dedica más tiempo a la práctica artística y menos a la arquitectónica, aunque su formación fue útil: el rigor, la fecha límite, el manejo de presupuestos, son base para generar sus ejercicios. NA: “La primera vez que tuve que hacer una casa, me di cuenta de que mi acercamiento era como el de hacer una escultura, tanto por como lo quería expresar, como por tener que explicar distintas etapas de trabajo a mucha gente; algo que sigo haciendo.”

 

 

Napoleón ahora describe su identidad de artista como una búsqueda material que integra una dosis de humor (una visión particular de lo cotidiano). Las referencias que aborda son variadas: la moda y sus implicaciones culturales, la política y el crimen organizado, la ciencia ficción, hasta observaciones más puntuales como las peleas de gallos o los automóviles lowriders. Los materiales funcionan para terminar de comunicar lo que la forma propone, incluso busca esta conexión a nivel metafísico. La obsidiana, la calcita azul o la amatista tienen sus propias connotaciones que juegan con la forma o el objeto. NA: “No me quedo mucho en un solo tema, pero se van integrando por el material y por algún elemento que se utiliza en otra pieza; siempre se dan ramificaciones que terminan conectándose”. Un ejemplo de ello es la serie Pesados, botas talladas en basalto que conectan con el término con el que se les nombra a los narcos en algunas regiones y la idea de que el objeto en sí funcione como un juego entre palabra y pieza.

 

Aguilera entiende que la colaboración es básica en su proceso y ha encontrado la posibilidad de integrar oficios y talleres clásicos de la región (y de otras) en sus piezas. Creció viendo la producción tradicional en Guadalajara e imaginando las posibilidades. NA: “Me involucro mucho con los talleres en cada parte del proceso, ha sido complicado que podamos entendernos y colaborar. Se debe ir abriendo un diálogo. Al inicio seguro me veían y pensaban: ‘¿qué quiere este marihuano?’ [Ríe]. Pero ha sido increíble integrar herramientas de otro campo, o procesos de otras etapas que surgen de entender esa interdisciplinariedad. Ahora, cuando alguna pieza se vuelve serie, son los talleres los que me dicen: ‘ya tráenos otra cosa’. Hay quienes se emocionan mucho de crear algo que consideran nuevo. Muchos artistas mandan a hacer. A mí me gusta estar en los talleres, siento que termina generando piezas diferentes porque aprendo mucho al ver cada técnica. Y como ya hay diálogo, podemos integrar herramientas que veo en otros lados para lograr algo específico; generamos un vaivén de conocimientos con resultados muy valiosos”.

 

 

Actualmente trabaja con siete talleres: de barro, obsidiana, basalto, vitral, crin y madera. NA: “Con el taller de vitral, por ejemplo, estamos revisando técnicas, espesores de materiales, estudiando qué se puede hacer en láser y qué con cortavidrios de punta de diamante. [Como artistas] no podemos llegar a pedir una visión que no sabemos cómo se puede hacer.” Para él la parte más importante del proceso es bajar todas las idea y elementos de investigación en el primer dibujo que delimita y detalla el objeto; se vuelve un reto personal acercarse lo más que puede a esa idea. Más allá de la experimentación material que la región le ha permitido, Napoleón ha vivido una etapa clave en la construcción de comunidad entre artistas y las plataformas que se han gestado en la ciudad. NA: “Hace años nos sentíamos un poco rezagados, como que estábamos en una ciudad que la gente no volteaba tanto a ver. Sigue siendo una comunidad muy pequeña y es difícil encontrar representación de alguna galería; estas también han ido creciendo con el tiempo, han aprendido lo que funciona y lo que no: buscan estar en ferias, generar un modelo que les permita mantenerse.” Lo que Aguilera cree que fue clave para su desarrollo y el de varios artistas de su generación fueron los artist-run spaces. NA: “La mayoría de artistas de mi edad nos conocemos, y muchos fuimos armando espacios compartidos para difundir nuestro trabajo; nos organizábamos para pagar un booth en Acme o para hacer eventos en la ciudad. De ahí salí yo.”

 

A partir de eso aprendió que la unión hace la fuerza. Actualmente está con la galería Palma y ahora las preocupaciones son otras. NA: “Siempre tienen el objetivo de vender. Yo no me peleo, entiendo que la venta permite fondear proyectos que a lo mejor no se venden, es parte del juego.” Por ahora, en términos de creación, busca ir cambiando la escala de sus trabajos y lograr algo que él ve con capacidad más institucional. Cuando le pregunto por algún referente que le inspira, contesta: “Me gusta mucho cómo trabaja Adrián Villar Rojas: viaja por el mundo haciendo proyectos con un equipo multidisciplinario de más de 40 personas que trabaja in situ, ¿te imaginas esa posibilidad de crecer en escala?”

 

 

Rodrigo De N. Colmenero está cumpliendo 10 años de trabajar en comunicación de moda. Ha hecho de todo: editado medios, dirigido campañas, entrevistado a sus máximos y sobrevivido al freelanceo editorial —comprobando que sí hay forma de hacer camino—. Lleva los mismos 10 años dando clases, promoviendo la crítica, la autorreflexión y las tareas sin IA, aunque a ratos le parece una misión imposible.

 


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