Tenaces

Apasionadas, mujeres de futbol....

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texto Sebastián Kohan
fotografía Fernando Velasco para Luciérnaga

El futbol femenil llegó para quedarse, y por suerte las mujeres no están sólo en las canchas, sino formando parte de la industria. A continuación, la historia de cuatro mujeres que lograron hacer lo que querían en la vida, aun cuando las condiciones objetivas y subjetivas se oponían tajantemente a la dirección elegida. Una periodista, una entrenadora, una directiva y una agente. Un poco de locura y toneladas de tenacidad fueron necesarias para que lograran cumplir sus sueños. Brindamos porque no quede un solo espacio sin mujeres — hemos vivido equivocados miles de años, por suerte no hay mal que dure toda la vida.

 

 

ANA Y EL SALTO AL VACÍO
Ana Galindo es entrenadora de la Selección Nacional Mexicana Femenil Sub 20.

Hace unos años, no muchos, Ana se vendó los ojos, se acercó al precipicio y saltó al vacío. Había construido su vida, desde siempre, alrededor del futbol. No existe un solo recuerdo donde no haya un balón. Cada una de las decisiones que tomó en su vida eran en función de dónde podía jugar. Y jugó, y jugó, y jugó, pero un día se le acabó la cancha. En México no había liga profesional, así que no había futuro. Tenía poco más de 20 años y los sueños truncados. Tuvo que entrar a trabajar a una oficina y vivir una vida, según sus palabras, bastante infeliz. También fue profe de primaria y de prepa, donde descubrió sus capacidades y los límites de la tolerancia. Un día, sin ninguna claridad de lo que pudiese pasar, lo dejó todo para volver a las canchas y saltó.

 

Desde niña jugó al futbol. Nada fue fácil. Todos le decían que para qué jugaba si no había futbol femenil. También la insultaban, obvio. De marimacha para arriba. Nunca hizo caso de lo que pasaban a su alrededor. Su amor por este deporte era más fuerte. A veces no hay nada más cierto que un cliché. En la cancha conoció a sus amigas y a su pareja. Gracias a ellas logró no claudicar. Un día, el coraje se vio recompensado y cumplió su sueño: fue llamada a la Selección Nacional y le tocó jugar en el mismísimo Estadio Azteca. Las gradas se iban llenando de a poco y en el vestidor, recuerda, retumbaban las paredes. Afuera la gente gritaba “México, México…”. Lejos, casi irreales, quedaban los días de oficina. La caída libre venía llena de sorpresas.

 

Cuando dejó de jugar, estudió para ser entrenadora. En ese momento seguía sin haber liga profesional, no había hacia dónde crecer, no había camino posible, salvo la Selección Nacional. Alguien dijo alguna vez: “seamos realistas, busquemos lo imposible”, y así lo hizo. Cuando la realidad no sirve, no queda otra que ignorarla. Un día la llamaron para ser auxiliar en el América y de ahí no paró hasta convertirse en la entrenadora de la Selección Mexicana Femenil Sub 17.

 

Hace unos meses, Ana fue nombrada ni más ni menos que entrenadora de la Selección Masculina de Futbol Sub 17. Nunca había pasado eso, pero pasó. Llegó con algunos miedos y prejuicios y se dio cuenta, para su sorpresa, que las nuevas generaciones vienen mejores que las anteriores y la convivencia con los jugadores fue de total respeto y aceptación.

 

Hoy está, nuevamente, transitando un sueño: el de dirigir a la Selección Mexicana Femenil Sub 20. Hace unos días vivió la insuperable experiencia de ir con la Selección a jugar el Mundial en Costa Rica y llegar a los cuartos de final. Las cosas van bien y no cabe duda de que irán mejor.

 

 

 

MARION Y EL CABALLO DE TROYA

Marion Reimers es activista y periodista en TNT Sports.

Mujer, mexicana, feminista, activista y periodista, todo eso es Marion y mucho más. Dedicada al periodismo deportivo y cara visible de canales mainstream, ha logrado lo que casi nadie antes: estar en el horario de mayor audiencia. En el epicentro del periodismo deportivo, territorio futbolero, caldo de cultivo para el pensamiento superficial, masculino y exitista, se cuela la Reimers para zarandear un poco al personal.

 

Dante Panzerí, periodista deportivo argentino, decía que un periodista deportivo primero tenía que ser periodista, a secas, con capacidad de informar, pero sobre todo de formar, y después de eso, podía dedicarse al deporte, a la cultura, la política, la economía, o lo que fuese. Marion es, ante todo, una periodista. Después, deportiva, y siempre, crítica y filosa. Un diamante entre las piedras. Es extraña su existencia. No son extrañas las mujeres luchadoras —por suerte se cuentan por millones—, es extraño encontrarlas ahí, hablando justo antes del inicio de la final de la Champions League, la transmisión más vista del año, explicando el no sé qué de las causas profundas de los problemas sociales.

 

Rubia, blanca, cisgénero, aparentemente inofensiva, incomoda con cada palabra. Siempre hay una capa más abajo para desempolvar. Los dueños del canal se deben morder las uñas esperando que sea cautelosa y sepa cuándo detenerse. Y lo es, porque Marion, además, es una estratega de la comunicación. Sabe cómo, dónde y cuándo. La Reimers está ahí para para echar luz sobre las desigualdades y darles voz a las causas históricamente ignoradas. Parece que el futbol sirve sólo para gritar y empedarse, y mira que no. Marion destroza, sutilmente y a cada palabra, la idea del periodismo prístino, aséptico, objetivo y separado de la realidad. Dentro del universo del mainstream, la Reimers es la primera instancia de confrontación, para miles de seres humanos, con todo aquello que no queremos ver.

 

“En este país —dice Marion— nos han enseñado a ser complacientes. No sabemos decir que no, aunque después dejemos plantada a la gente. Somos un país que vive con muchas máscaras, y esas máscaras adquieren más capas dependiendo del género. A las mujeres se nos ha enseñado a ocultarnos, a hacernos lo más pequeñas posible, a no opinar y a no ser incómodas. Cuando nos salimos de ese rol y somos incisivas, duras y hablamos con voz aguardentosa, comienzan a agredirnos públicamente y aparece lo que Rita Segato llama las pedagogías de la crueldad. Miren lo que les va a suceder si se salen de la norma”.

 

Ante cualquier movimiento, el patriarcado contraataca y tacha a las mujeres de locas, de exageradas, y logra que ellas comiencen a cuestionarse a sí mismas y a dudar de su propia percepción de la realidad. Un día, después de una situación de acoso en una cobertura, a Marión le “estalló la tacha”, momento en que decidió deshacerse del filtro de la ceguera, dejar el miedo de lado y decir que no.

 

 

MARIANA Y A QUIÉN LE IMPORTA LO QUE YO HAGA

Mariana Gutiérrez es directora de la LigaMX Femenil.

Mariana es la directora de la Liga MX de Futbol Femenil, ni más ni menos. Jugó futbol toda su vida hasta que se rompió la rodilla y se retiró. Dicho retiro ya había amenazado con llegar una década antes, cuando no existían las ligas femeniles para seguir jugando y no tuvo mejor idea que inventar una. El futbol era una necesidad. Había conocido un equipo de mujeres muy fregonas y revoltosas que hacían huelga por todo y para todo, y lograron armar su propio torneo y jugar hasta que el cuerpo no quiso más.

 

Durante esos años, descubrió que ser mujer futbolista implicaba tener pocos espacios, jugar en canchas en malas condiciones, no tener uniformes, no elegir a sus entrenadores, tener los peores horarios, como la mañana de los fines de semana cuando los hombres estaban crudos. Incluso tuvo que negociar los precios de la cancha porque el encargado de turno no consideraba una posibilidad tener respeto a una chica de 20 años. El destino la fue preparando para que no le vieran la cara. Tuvo que demostrar lo que vale cada uno de los días de su vida. Cada día alguien intentaba hacerla dudar de sus capacidades. Y claro, lo que no mata endurece. Así, Mariana conoció las entrañas del futbol femenil.

 

Se educó en una escuela con sistema americano donde el deporte era un pilar de la educación. Jugó a la casita, pero también al básquet, al handbol y al futbol, todos los días de la vida. Además, se crió entre primos. Si llegaba con una muñeca, nadie jugaba con ella, pero si llegaba con un balón, se abrían las puertas del cielo. Descubrió que el balón le daba la posibilidad de pertenecer.

 

Un día apareció en su vida una mujer llamada Lucía Mijares quien fue, primero jefa, después mentora y finalmente amiga. Con ella comenzó a desarrollar el futbol femenil desde la Federación de Futbol y a recorrer el hermoso camino de solucionar todas aquellas carencias con las que ella y sus amigas fregonas habían crecido. Lanzaron la primera liga amateur del país, no sólo femenil, sino varonil, y terminó recalando en el universo de lo profesional. La idea era ir sacando piedritas del camino para que le fuera más leve a las que vienen detrás. Cada día, sin embargo, es una nueva prueba. Confiesa que se sigue sintiendo vulnerable. Es agradecida y repite una y otra vez que el camino no se hace sola. Que ésa es la mentira más grande. Si no fuera por la red de soporte que ha tenido, hubiera abandonado antes, e imagina cuántas niñas y niños no la tendrán. Sabe que el deporte ayuda a sobrevivir y quiere estar ahí para ayudar a transmitir capacidades.

 

Mariana y tantas otras mujeres tenaces han logrado generar una diversidad que no existía. Antes del futbol femenil había una minoría afuera del estadio, pero una vez que entraron, se dieron cuenta de que no eran una minoría, sino una mayoría. Había una carencia de pertenencia tremenda. Hoy se sienten parte de una comunidad y la van a defender a capa y espada.

 

 

MARIEL Y LA TERNURA EN EL OJO DEL HURACÁN

Mariel Duayhe es agente de futbolistas.

De Mariel podemos hablar horas y decir muchas cosas, pero vale comenzar diciendo que es una persona honesta en un mundo de tiburones. Ser buena persona vale oro en cualquier parte, pero doblemente oro en el mundo donde se desempeña: es la primera y única representante de futbolistas de la cual tengamos noticias en el mundo. El resto son hombres. Y ahora, volvemos al principio.

 

Desde pequeña fue la fan número uno de su hermano porque no había lugares donde ella pudiera jugar; entonces lo iba a ver. Después entrenaba con hombres, pero no la dejaban jugar en los partidos oficiales. La cosa se veía difícil porque ni siquiera existía una liga femenil para incorporarse más adelante. Aun así, en medio del desierto y sin agua en el horizonte (o mejor dicho, sin pasto), chapoteaba de lo lindo, ignorando por completo la realidad y los comentarios de profesores y familiares que la instaban a buscar otros caminos. Le gustaba demasiado el futbol como para hacerles caso. Renunciar no era una opción. Un poco de locura siempre es necesaria para vivir. A veces la lucidez es un simple impedimento. Jugó y jugó hasta que fue campeona de una importante liga amateur. Los sueños se iban cumpliendo a pedacitos. Al no poder ser profesional, tenía que conformarse y abandonar, pero la casualidad tocó su puerta y de a poco pudo incursionar en el mundo del futbol desde otro lugar, convirtiéndose en representante de futbolistas.

 

Sin embargo, los obstáculos no cesan. Ahora no sólo enfrenta un mundo conformado por hombres, sino una industria complicada, endogámica, abierta sólo para exjugadores o amigos de amigos. No es fácil entrar y menos mantenerse. Más aún, cuando eres una mujer de principios en un mundo donde estos no son bienvenidos. Algunos hombres se sienten intimidados, otros no la pueden mirar a los ojos, otros no creen que sea representante y otros, la cuestionan por su orientación sexual. Un universo bastante chafa, dice ella. Pero sigue y redobla la apuesta negándose a ver a sus representados como mercancías. Mientras algunos tiburones, agrandados y mal encarados, les venden la moto a los jugadores, prometiéndoles lo imposible, ella va de frente y les dice la neta. Dialoga y valora plus y contras. No decide en función de los pesos, sino de la salud profesional. Ha perdido mucho dinero haciendo eso, y no se arrepiente. A algunos les da para cruzar el charco e irse a Europa y a otros no. No se deben generar falsas expectativas. Prefiere decir la verdad y aceptar que nadie hace magia. Pero claro, muchos futbolistas no quieren enfrentar la realidad y prefieren los espejitos de colores. Si eres sensata, el medio te come. “Si sólo me fijara en el dinero a la hora de firmar un contrato, me volvería una más del sistema”. Se involucra en la parte humana y ve la otra cara de la moneda. La hace de psicóloga, chofer, mamá, amiga de la esposa, no sólo de agente. Es un poco de todo y así va cambiando el medio, y el mundo.

Por suerte las generaciones vienen distintas y el pico de su carrera no está ni cerca. “En el futuro iremos sacando a la vieja guardia. Vamos limpiando el panorama y se viene lo mejor”, dice Mariel, firme y sin perder la ternura.


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