10 años de Reptilectric de Zoé

Zoé podría ser considerada la banda más importante actualmente en México.

0910
por León Larregui, compositor y vocalista de Zoé

Hace 10 años ya que salió Reptilectic, nuestro cuarto disco de estudio, después del éxito de Memo Rex. Existía, mas allá de una presión por hacer éxitos, mucha emoción y alegría de estar por fin haciendo música y ser escuchados.

 

Nuestra aventura indie con Noiselab, con The Room y Memo Rex, había sido muy fructífera y constructiva, pero había terminado. Fructífera porque nos había dado el éxito que queríamos, y constructiva porque entrábamos de lleno y de nueva cuenta a una transnacional, como lo era en ese entonces EMI, aunque bajo nuevas condiciones, no como la de sonadores incomprendidos con dudoso futuro, sino como una banda con todo por delante, y respaldada por una creciente y eufórica audiencia. Eso nos dio la total libertad de aprovechar los dos mundos, el del peso de una transnacional y sus alcances, y la de la credibilidad, talento e independencia de quienes sabíamos lo que estábamos haciendo, y nadie lo hacía mejor que nosotros.

 

 

Grabamos en Tornillo TX, en el mismo estudio que habíamos grabado Memo Rex, nuevamente bajo la batuta de Phil Vinall. Con esos dos discos pasamos meses en ese rancho desolado y aislado. Todo era trabajar, y después de trabajar, el silencio. En Memo Rex descubrí y aprendí cómo grabarme yo solo mis voces, y en Reptilectic fue aun más independiente este proceso, ya que adapté como estudio una de las casitas que existen en el rancho, y estaba apartado de todo. Recuerdo con mucha nostalgia esas noches oscuras, repletas de estrellas, que rellenaban el alma con aire y espíritu cuando pensaba que ya no podía o no sabía de qué escribir.

 

Mi padre se enfermó y murió durante la etapa de creación de este disco, lo que fue muy duro para mí. Nunca había sentido tanta desolación ni había sentido el efecto abrumador de vacío que la muerte de alguien amado te causa. “Fantasma” está dedicada a él. “Reptilectric” hace alusión a Quetzalcóatl, “Poli” al primer amor, “Neanderthal” a la corrupción mexicana, “No hay dolor” al dolor redundante, “Luna” a una chica que no me pelaba, y “Últimos días” y “Sombras”, configuraban y redondeaban las emociones que en ese tiempo corrían en mí y en mis compañeros, que al final todos, al estar tan juntos, nos permeábamos de las mismas alegrías y los mismos dolores: unos ciertos, otros imaginarios, otros empíricos, otros desgarradores, aires filosofales, humos espirituales, juventud, estrellas y chispas errantes… todo eso fue hace 10 años. Si no me hubieran pedido escribir esto, juraría que fue ayer. Gracias por preguntar.


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