Un ejercicio de honestidad entre mujeres...
invitadas Mariana Zaragoza ,Dalia Xiuhcoatl ,Diosa Amazónica ,Paula Gorozpe ,Valentine Gilabert y Val Lescas
producción Bureau Sseis
estilismo Itzel Alfaro
estilismo Itzel Alfaro
maquillaje Liz Jardon
peinado Ale Galicia
asistente de fotografía Shinae Park
toda la ropa Skims
Ser mujer sigue siendo un acto de vulnerabilidad. No importa cuánto avancemos, cuántos espacios conquistemos o cuántas veces nos nombremos jefas: todavía vivimos en un mundo donde nuestros cuerpos, nuestras voces y nuestras decisiones siguen siendo cuestionadas.
La vulnerabilidad comienza cuando dejamos el cuerpo tal cual es, en calzones, frente a nuestra propia mirada, frente a otra persona, o frente a una cámara sin filtros ni protección. Porque incluso ahí, en nuestro propio cuerpo, el único que tendremos toda la vida, cargamos miedos heredados, penas aprendidas, miradas que no son nuestras pero que igual nos pesan.
Nos limitamos por miedo. Dejamos de sentir por vergüenza. Nos desconectamos del cuerpo que habitamos.

Esa vulnerabilidad también existe afuera: En el trabajo, en la calle, en cualquier industria y aunque hoy ocupamos más espacios que nunca, seguimos lejos de la equivalencia. En números, en sueldos, en reconocimiento, en proyección. A nosotras, todavía nos toca demostrar, justificar, explicar. Todavía somos menos visibles, menos escuchadas, menos celebradas.
Pero también sabemos algo más: cuando una mujer sostiene a otra, la vulnerabilidad se puede convertir en fuerza. Cuando tejemos redes, cuando creamos círculos, cuando dejamos de competir entre nosotras y empezamos a acompañarnos, algo cambia. Algo se sana. Algo se abre.

Estas fotografías nacen desde ahí. Desde la honestidad de reconocer que seguimos siendo vulnerables. Desde el deseo profundo de reconciliarnos con nuestro cuerpo y ser más comprensiva y amorosa con las otras mujeres que caminan a nuestro lado. En esta ocasión también quise atravesar esa vulnerabilidad desde mi propio lugar. Para muchas modelos puede ser parte de su trabajo cotidiano, pero para mí fue diferente. De alguna forma al fotografiar mujeres también me reflejo en ellas, y ponerme en ese lugar fue un ejercicio profundamente terapéutico: una manera de entender, desde el cuerpo, lo que tantas veces observo desde la cámara.
Que estas fotos sean un recordatorio que esta lucha no es de una: es de todas. Hoy, aquí, nos mostramos vulnerables. Y esa es, quizá, nuestra forma más poderosa de existir.



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