Tlacuilo

#Alrevés192

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texto Danaé Salazar
fotografía Fabiola Zamora

Tlacuilo despojó a la biblioteca de su lado racional. La misión más imposible está sucediendo: Tlacuilo está logrando que el usuario de a pie se acerque a los libros y quiera llevarlos a casa, leerlos, abrazarlos, consultarlos, convertirlos, por unos días, en parte de su vida. El triángulo amoroso es perfecto: a través de una app que incluye una red de bibliotecas en México puedes elegir el libro que quieras tomar prestado, luego irás a recogerlo personalmente al recinto y podrás tenerlo, devorarlo y exprimirlo en casa por tres meses. Hay que vivir la interfaz, pero experimentar el alma de un libro en carne propia. Ahí está el encanto.

¿Cómo ser el antagonista y lograr que, en plenitud de la era digital, la gente quiera ir a una biblioteca y hacerse de un libro prestado? La idea surgió en casa, desde la biblioteca del artista contemporáneo Pedro Reyes, para dinamitar y hacer volar con toda la magnitud de una explosión de luces, el concepto de querer tener, casi adorar, un buen libro. Y es que cuando se tiene una pasión, hay que desarrollarla. A la pasión se le tiene que dar de comer y Tlacuilo sirve como dispensadora de estos alimentos, que no es cualquier cosa.

 

“Tlacuilo es, de cierto modo, un proyecto anarquista”, platica Pedro Reyes, “pues se rebela al tradicional rol de las bibliotecas que fungen como una especie de cárcel de los libros”. La dinámica con la que estos recintos operan es que puedes consultar los libros dentro del espacio, pero no extraerlos de ahí ni llevarlos a casa; mucho menos hacerlos tuyos por un tiempo. En cambio, lo magnífico en Tlacuilo es que el libro “es tuyo” por un tiempo definido —bastante jugoso para disfrutar la pieza—, de unos tres meses aproximadamente.

 

A Tlacuilo se han sumado dos integrantes: El Museo de Arte Carrillo Gil y la biblioteca (con todo y vinilos) del compositor Conlon Nancarrow.

 

Es la primera vez que se activa una biblioteca pública (como la del Carrillo Gil), la cual está especializada en arte y cuenta con una selección de libros muy importantes, además de su fonoteca, con una colección de vinilos. Libros y LPs, además de piezas de arte, se ponen a disposición del público en general a través de Tlacuilo.

 

Lo mismo sucede con las joyas sonoras que se encuentran en la biblioteca de Nancarrow, las cuales entran dentro de la red Tlacuilo para préstamo.

La app

 

La tecnología puede ser sexy. Es la primera vez que, desde una perspectiva poco edgy como la mía, la tecnología verdaderamente me seduce; la primera vez que me gusta con todos los dientes porque sé que a través de ella podré acceder a un lugar mágico y que no es virtual. El salto es de la interfaz de una app al recinto mismo, donde uno aterriza rodeado de libros y objetos que en su individualidad representan el objetivo y en la totalidad la magia de estar presente en un sitio especial, como una biblioteca o un museo. El resultado son dos opuestos que se concilian, cosa que parecía muy lejana de suceder y eso me parece maravilloso.

Tlacuilo funciona a través de una app que se lanzó en octubre de este 2021, la cual el usuario descarga a su teléfono, ingresa sus datos y, desde ahí elige sus artículos de interés —un libro, un disco, una pieza de arte—, mismos que obtendrá yendo al recinto a recogerlos. La app también te permite hacer una lista de favoritos e irlos guardando para después. La aplicación se alimentará continuamente, para proporcionar información útil y de interés sobre libros en específico o sobre temas en general que te den las herramientas necesarias para más adelante hacer tu lista de deseos y, finalmente, ir por tu libro, vinilo o pieza de arte.

 

Otra herramienta a implementarse dentro de la app “es que el usuario también podrá prestar sus propios libros, los compartirá a través de la aplicación, entonces ésta se irá nutriendo de todos lados, desde los recintos y desde el usuario”, platica Cristóbal Reyes, creador de la app de Tlacuilo.

 

Los encuentros

 

Hay un desenlace poco esperado al vivir este proyecto y ése es el rumbo social que tiene, a pesar de lo solitario que pareciera el hecho de adquirir un libro, una acción que dada su naturaleza es completamente personal. “El recinto termina convirtiéndose en un punto de encuentro”, explica Aleida Pardo, directora del proyecto. Y es que el usuario tiene que ir a buscar o recoger sus libros al espacio físico —el delivery no está considerado en el proceso de acción de Tlacuilo—. “Ahí sucede el encuentro con otros usuarios, mismo que se afina pues existe un filtro de intereses que se traduce a una sola cosa: pasión y curiosidad por los libros”, agrega Pardo, quien habla con el sigilo inteligente de quienes con poco logran hacerse escuchar.

Otro elemento interesante es la confianza del préstamo. No hay otra transacción de por medio que la confianza: el usuario no deja un enganche por llevarse el libro, ni cuota ni identificación, simplemente con sus datos previamente ingresados en la app o dados directamente en la biblioteca, puede llevarse el libro a casa.

 

Resulta que el mexicano quiere leer

 

Ésta puede ser una buena batalla —que la imagino como la de crear el amor impensable hacia un objeto olvidado, para algunos despreciado—, en un buen momento —que trajo la pausa de un encierro—, en el mejor sitio del mundo, un México donde cuesta mucho que se lea y donde prácticamente nadie promueve un apego que sería hermoso: el de los libros. Tlacuilo quiere arraigar esa pasión.

Vista de la biblioteca de Conlon Nancarrow, la cual es parte de la red Tlacuilo.

 

Al cierre de esta edición, en las redes sociales de Tlacuilo (en Instagram @tlacuilobiblioteca) se han registrado cerca de 10 mil seguidores. Han recorrido un buen tramo desde ahí, pues María José Cruz, al frente de esta comunicación, ha logrado encantar a través de esta herramienta a sus usuarios. Constantes lives en los que habla de libros y/o temas en específico, dando a conocer de a poco, pero con mucha precisión, lo que hay disponible en la biblioteca. La red social invita a curiosear al mismo tiempo que apuña la atracción y las ganas de saber más, de tener cierto libro.

Actualmente hay unos 15 usuarios activos en toda la red Tlacuilo a la semana y cada día hay usuarios nuevos. La red se expande, sus usuarios crecen. Todos nos alimentamos.

 

El poder de un objeto

 

“La parte espiritual que transmite un libro, una pieza de arte o sonora, que es toda la carga de su autor, es lo que se lleva el usuario a casa y eso es invaluable”,dice Pedro. Es esa áurea invisible e inmortal que trasciende, gracias a un objeto, los tiempos. Por eso el valor de los libros es infinito, porque al día de hoy, su contenido no existe en Internet. No todo está en la red. El contenido de un libro sólo lo encontrarás en el libro mismo, dentro de cada página. “Internet te da chispazos, pero no ha logrado profundizar”, agrega. Entonces, habría que considerar al libro como algo divino. Así que hasta para el más moderno de los modernos, debe existir cierto encanto en esas hojas de papel, porque dentro de cada libro hay un alma. Dentro de la red y el ciberespacio hay practicidad, pero viviríamos vacíos por el resto de nuestros días si no fuera por los libros.

La cereza que adorna el pastel es que además de todo lo mencionado, en Tlacuilo prestan esos objetos que son el vínculo para ver y escuchar formatos que si no caducos —no, eso no— sí son muy difíciles de conseguir, pero que le dan al aficionado el gozo de poder degustar esas texturas sonoras y visuales que sólo aparatos de antaño pueden reproducir: videocaseteras VHS, proyectores 8 mm, grabadoras para tocar cassettes y tornamesas para los vinilos. Misma dinámica de préstamo, mismo concepto de confianza, mismo proceso de entrega y devolución. Es como un recuerdo iniciático de lo que nos tocó vivir hace algunos ayeres —hablo de los que pertenecemos a esa generación, los que vivimos la transición de lo análogo a la era digital.

 

En las fotografías siguientes: La sección de vinilos dentro de Tlacuilo en el Museo Carrillo Gil. Esta selección es parte de la colección de Pedro Reyes y va rotando cada determinado tiempo.

En la portada del artículo el equipo de Tlacuilo; integrado por Aleida Pardo (directora), Cristóbal Reyes (creador de la app), María José Cruz (al frente en redes sociales), Luis Primero de la Cruz, (bibliotecario y a cargo del inmaculado orden que requiere la organización de todos los libros), y Pedro Reyes, el corazón del proyecto. Al cierre de esta edición, se sumaron Enrique Centeno (diseñador) y Giacomo Orozco Almandoz (bibliotecario).

Leía por ahí que vivimos en un apocalipsis digital, donde hay mucha mentalidad y contenidos mierda. Sin embargo, conocer proyectos como Tlacuilo pintan un presente mucho más interesante, sosegado, con sabor. Robustecer el alma con poesía, novelas, ensayos, fotografías y todas sus letras, me parece el mejor ejercicio dedicado a la pasión.

 

“Tlacuilo significa escriba
o sabio en náhuatl, y es un proyecto que se basa en el experimento social de prestar libros y compartir conocimiento entre la red de usuarios”.

—Aleida Pardo, directora

 

Visita y llévate un libro a casa a través de www.librarything.com/catalog/BIBLIOTECATLACUILO

 


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